El Lidersaurio y el cuento del Albañil

Cada encuentro que he tenido con un Lidersaurio ha sido memorable, especialmente cuando el Lidersaurio era mi propio jefe. A continuación relato uno de esos encuentros. Fue un encuentro tan significativo que cambié mi perspectiva acerca del mundo laboral de forma dramática y permanente. Ese día identifiqué lo que es un Lidersaurio con total claridad.

El Proyecto

En esa época yo trabajaba coordinando proyectos tecnológicos en una institución financiera. Estábamos en ese momento migrando redes de datos y actualizando módulos del sistema core (software principal) del banco.

Había un equipo de desarrolladores de software que realizaba los cambios necesarios a la programación y producía las nuevas versiones. Yo formaba parte del equipo que debía instalar en las computadoras del banco las nuevas versiones a medida que se producían.

La forma como se suponía que íbamos a trabajar era así: tras realizar cambios en la programación, las nuevas versiones serían previamente probadas. La expectativa era que cuando aplicaramos los cambios en los sistemas reales no nos encontráramos muchas sorpresas. O, idealmente, ninguna sorpresa.

El Plan vs. La Realidad

Era muy importante asegurar la calidad de las nuevas versiones porque teníamos que repetir el mismo proceso en las más de 20 sucursales del banco cada vez que se generaba una nueva versión. En ese entonces, todas las actualizaciones de software se realizaban manualmente, no había una opción automática ni masiva.

Además, teníamos la restricción del horario porque sólo podíamos trabajar en las computadoras cuando las sucursales del banco cerraban al público. Esto significa que empezábamos en la tarde, ocupábamos casi toda la noche y a veces terminábamos en la madrugada.

Tal como te imaginas a esta altura, nada estaba funcionando como se suponía. Nos entregaban versión tras versión casi todos días para correr a instalarlas esa misma noche. A la mañana siguiente se reportaban diversos problemas: incluso módulos del software que ya operaban bien generaban errores. Este martirio se repitió hasta que los técnicos empezaron a quejarse con mayor intensidad y frecuencia.

Yo también estaba cansado de la situación así que le pedí a nuestra jefa una reunión para explicarle el tema y proponerle ideas para mejorar la forma como estábamos trabajando. Al día siguiente nos reunimos. Ella me escuchó y me explicó que no podía hacer nada al respecto, pero que su jefe (El Gerente a quien llamaremos “Señor N”) sí podía ayudarnos. Inmediatamente mi jefa le pidió una reunión y un par de días después nos reunimos los tres. Al Señor N yo lo conocía, y si nos cruzábamos por un pasillo nos saludábamos, pero nunca había hablado formalmente con él acerca de los proyectos. Traté de que otros afectados participaran en la reunión, pero todos tenían alguna razón para no asistir y me desearon suerte.

El Señor N era el jefe de mi jefa, y un Lidersaurio modelo. Es decir, que cuando incluyan la palabra “Lidersaurio” en Wikipedia, deberían incluir como imagen destacada una foto del Señor N…

En Reunión con un Lidersaurio

En la tan esperada reunión, mi jefa -quien estaba de acuerdo conmigo- le dijo al Señor N que yo quería hablar con él e inmediatamente me cedió la palabra.

Le expliqué al Señor N la situación y empecé a proponerle algunos cambios al proyecto cuando me interrumpió y me dijo con voz firme:

“Déjame explicarte, aquí nada va a cambiar. Yo llevo 20 años aquí y las cosas se hacen así…”

Luego hizo una pausa al notar la expresión de sorpresa en mi cara, y cambió un poco el tono.

Ahora con voz de mentor o consejero sabio continuó:

“¿Tú alguna vez has visto a un albañil de los que trabajan construyendo edificios?”

“Sí…”, le dije después de una incómoda pausa. Y miré a mi jefa, quien estaba igual de confundida, porque no entendíamos cómo pasamos de discutir el re-planteamiento del proyecto a hablar de albañiles…

El Señor N continuó: “Ese albañil trabaja toda su vida ayudando a construir esas obras y después, cuando está terminado el edificio, no le permiten pasar del vestíbulo. A veces ni lo dejan entrar al edificio. ¿Entiendes?”

Moví la cabeza diciendo que “no” porque sinceramente no entendía lo que estaba pasando.

“El punto es este: tú tienes que ser humilde como ese albañil. Vete tranquilo, haz tu trabajo y no te preocupes por lo demás.” – Terminó diciendo para cerrar la reunión.

Reflexión

Mi expectativa acerca de cómo sería esa reunión era tan diferente a lo que ocurrió que al final nos despedimos y yo me quedé en silencio tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir.

Y con todo el respeto que se merecen los albañiles debo decir que en mi cabeza el único pensamiento era: “Yo solamente quiero mejorar la forma como estamos trabajando; y además, no soy un albañil y no quiero ser como ese albañil. Esto no es justo, no es correcto.”

El Señor N, usó la palabra humildad, pero en realidad lo que él esperaba era sumisión. Él utilizó la historia del albañil (muy semejante a la letra de la canción “Juan Albañil”) para decirme en muchas palabras la frase favorita de un Lidersaurio: “No pienses, solo ejecuta lo que se te ordena.”

Ese día yo aún no sabía que iba a hacer con el resto de mi vida, pero sí sabía en quién no me quería convertir jamás. Sabía que no quería ser el tipo resignado que después de 20 años de experiencia laboral el mejor consejo que puede ofrecer es decirle a los demás que se resignen también.

Ahora contrasta la historia del Señor N con lo que dijo Steve Jobs, quién tampoco era perfecto; pero entendía bien el valor del capital humano:

“No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer.”

Y resulta que estar dispuesto a escuchar a la gente de tu equipo, tal como lo recomendó Steve Jobs, requiere humildad. Qué ironía…

Te pregunto:

  • ¿Estás dispuesto(a) a escuchar las ideas de tu gente?
  • ¿Quieres rodearte de soldados obedientes y adictos al confort que no piensan por sí mismos, o de guerreros con ideas frescas e innovadoras?
  • ¿Estás abierto(a) a nuevas posibilidades e ideas para seguir creciendo, o ya dejaste de aprender y eres un Lidersaurio en vías de extinción?

Recuerda: El dominio de los dinosaurios era casi total, y se extinguieron… no seas #lidersaurio

Si quieres ayuda con estos temas te invito a solicitar una propuesta de asesoría. Utiliza el formulario de contacto: Contacto o llama al (+507) 360-5474

Este contenido fue originalmente publicado en www.GerenteLider.com


ACERCA DEL AUTOR
Ing. Ian Toruño, MBA, SCPM
Es autor de “El Manifiesto del Líder de Proyectos”. Le apasiona ayudar a los líderes y sus organizaciones a alcanzar su potencial para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI.

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